sábado, 21 de abril de 2012

Rituales actuales (y obsolescentes)

Los patrones de comportamiento de la sociedad (hablando desde el etnocentrismo de la Europa tradicional) permanecieron más o menos estables hasta mediados del siglo XX, donde la introducción de los medios de comunicación, aceleró los cambios que empezaron a gestarse con la Revolución Industrial. La llegada de la radio, pero sobre todo, la televisión, homogeneizaron nuevos hábitos en las sociedades y, en algunos casos, fueron herramientas muy potentes en el mantenimiento de regímenes políticos, conciencia social dirigida por el poder, y hasta un arma muy efectiva en la transformación de un régimen dictatorial en una monarquía (dicho sea de paso, parlamentaria).

A través de este último medio siglo, hemos presenciado el cambio que ha supuesto la invención de “la caja tonta”. Las historias alrededor del fuego, la lectura en voz alta y la televisión en familia fueron motivos aglutinadores de la unidad del “clan”, que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo. Incluso, hace algo más de veinte años, se dejaba a los niños “a cargo” de la televisión sin ningún tipo de supervisión. Todo cambió cuando a finales de los 90, se suprimió la franja horaria de la tarde. A partir de ese momento, no hubo una programación de referencia para la juventud. No había un interés por inculcar ningún tipo de valores (recuérdese que fue entonces el nacimiento de Gran Hermano)a los niños o adolescentes.

En esos mismos años, otra revolución estaba surgiendo. Ya en 1995 había algunos hogares que disfrutaban de Internet, pero fue aproximadamente en el año 2000 donde hubo una primera gran expansión. La juventud ya no estaba en casa viendo la televisión, tampoco habían renovado el interés por salir a practicar deportes o juegos tradicionales; difícil por otro lado, con la estructura de una ciudad que da más importancia al conductor que al peatón, y donde lo esencial no es estar, sino pasar.

El nuevo modelo de entretenimiento llegó por la red: los primeros juegos en línea, en los llamados ciber-cafés, dieron al traste con los antiguos recreativos y su típico insert coin: Se imponía la tarificación por horas. Sea por modelo poco económico, también por la obsolescencia de este tipo de negocios tecnológicos y la llegada masiva de Internet a los hogares, tampoco sobrevivió mucho tiempo. Las consolas domésticas (después de un periodo de auge del 93 al 97) habían vuelto a ganar otra vez la partida del entretenimiento e incluían ya funciones de juego en línea.

¿Qué supuso todo esto?

La reclusión del joven en la habitación. Fue entonces también el gran repunte de los chat y el uso y abuso del Messeger. En los primeros 2000, en la Universidad de Salamanca ya se utilizaban algunos recursos web para las asignaturas más innovadoras, como algunas metodologías, a pesar de que en otras seguía imponiéndose, como único método, la clase magistral.

Aproximadamente esa época, tuvo lugar la transición entre el método libro-ordenador. Aún la información no estaba tan sistematizada, y la gente aún no asumía el cambio de poder hacer un trabajo de investigación desde casa, sin ningún tipo de material bibliográfico físico.

Hay que recordar, asimismo, que las conexiones no disponían de la misma velocidad que actualmente, por lo que el tiempo de carga de una imagen jpg podía durar incluso varios minutos dependiendo de la saturación de la red, por no hablar de los programas de intercambio de documentos, como el pionero Napster, en el que un archivo de audio podía tardar en bajar varios días.

Es pues, entonces, cuando comienza el cambio en uno de los rituales con más solera de la vida académica: ir a la biblioteca. El estudiante preparaba sus libros, llamaba a algún amigo e iban temprano a coger sitio para, en un rato, después del café o las cañas, ponerse con su tarea, sin olvidar los descansos cada cierto tiempo para fumar o sencillamente, charlar un rato.

En esa época donde las conexiones aún estaban en pañales, la rutina estaba empezando a cambiar. Había que desenchufar el teléfono para poder conectar a Internet, y después de infinidad de ruidos y pitidos, con suerte, establecía la conexión.

Hemos sido testigos de primera mano de este gran cambio: De la pantalla grupal, hemos pasado a la pantalla individual, a un aislamiento del entorno inmediatamente más próximo. Con la excusa del don de la ubicuidad, hemos dejado de habitar nuestro espacio común más cercano.

¿Qué supone esta inmersión en la individualidad?

Primeramente, el filtro de lo que poder ver y no, cambia radicalmente. La soledad nos hace dueños de los contenidos, o mejor dicho, de la disposición de usarlos. No hay censura ni mesura; igualmente, esta falta de la práctica de transigencia puede hacernos más intolerantes hacia lo que no nos gusta, debido a la gran posibilidad de discriminación que Internet ofrece. Es cierto que siempre hay y habrá un sector de la población de un conformismo casi insultante, hablando en términos de las sociedades modernas. Conocen los hits musicales del momento, los cantan y saben al dedillo la lista de lo que es más in. No hay que dejarse engañar, las garras del mercado son afiladas pero incluso mucho más largas. Probablemente toda la necesidad de objetos culturales venga dada por una u otra tendencia del mercado, ya sea en la música house porque hemos escuchado un tema en un desfile de moda, o en la música de ukelele porque es la banda sonora de Bob Esponja. No parece que tengamos una verdadera necesidad de algo que, a priori, no existe. Toda la subcultura o cultura B es otra de las estrategias de mercado que se emplea con los clientes insatisfechos de los productos de la primera (para así poder vivir experiencias más “genuinas”).

No pensemos, ni por un momento, que el mercado ha obviado los problemas, o mejor llamarlos nuevas circunstancias, sumergidos en la tecnología asociada a la cultura y el entretenimiento.

Al hecho de la isolation por ejemplo, en los vídeo juegos, la compañía Nintendo ha sabido dar respuesta, cobertura, y jaque a la competencia en esta cuestión. Junto con el nuevo hardware de la última consola estableció unos nuevos estándares en los juegos, rebajando el nivel de dificultad respecto de consolas anteriores para, con las atractivas características de juego asociado a la salud y bienestar (desligándose radicalmente de la visión de los 90 de niños sentados en sus casas pegados a la pantalla y al mando) poder abrir el abanico a un público mucho más amplio, que el hasta entonces usuario: Engloba principalmente padres, madres e incluso ancianos. De esta forma, en detrimento de los usuarios más experimentados, se amplió unas tres cuartas partes del público potencial. Lo mismo ocurre con la última portátil, se potencia el uso en conjunto, asociando la idea de compañía a la de diversión.

Como exemplum ex contrario, tenemos la idea contemporánea del investigador. Alguien que desde su refugio en soledad, que ha dejado de ser la biblioteca para convertirse en su cuarto, escudriña todo lo habido y por haber del saber técnico o humano.

¿Qué nuevas ceremonias se ratifican como universales ante el sacrosanto ejercicio de la intelectualidad?

Digamos que no existe un patrón general ante el advenimiento de la tarea de reflexión y estudio. Ha habido más bien una cierta homogeneización en lo que a tareas frente al PC se refiere. Actualmente, estar delante de un ordenador, no comporta la exclusiva necesidad de estar trabajando. Ocio y negocio se funden en una misma herramienta. El elemento vertebrador es la conexión. Ya no se concibe un equipo informático sin la posibilidad de estar conectado a la red, y la red es un espejismo de la totalidad. En ella parecen unirse todo lo consumible, todo lo recordable. La web social, 2.0 es el ejemplo de todo esto. El rito al que la humanidad está sucumbiendo es el de la sobreexposición social en casos extremos o a un ansia por demostrar presencia en los más moderados. Si no estás en la red, no existes, si no actualizas tu estado, no existes.

La última jugada que Facebook hizo, muy inteligentemenete, fue poner a disposición del navegante un nuevo perfil. Añadió unas fotos para un primer contacto más visual pero suprimió la permanencia del estado: Esa frase que indica qué haces, en qué piensas o, más a las claras, qué te define ese día o esa época de tu vida. Lo que implica que si no estás actualizando continuamente, dejan de saber de ti en el momento que dejas de utilizarlo.

A pesar de lo dicho, en lo relativo al proceso de investigación, en lo que se refiere a los actuales modelos, cada vez es menos frecuente la soledad investigadora. Tras una época en que los descubrimientos y nuevos conocimientos venían dados por una sola persona, hoy los avances en la mayoría de áreas proceden de grupos de investigadores, por lo que el acceso a una comunicación instantánea es un aspecto más que positivo, indispensable, para el avance de la producción de conocimiento.

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