Los momentos se ensucian
y se envainan en una cáscara
de polvo hasta que, disimulados
con los muebles, se pierden en la casa.
Se arrastran ocultándose
y proclaman en voz muy baja
su odio al sol.
El peligro acecha en las esquinas,
impregnadas de recuerdos,
que atosigan a los que recorren las estancias.
Habitaciones que sin saberlo
son cuartos de tortura;
y los ajenos paseantes
son untados de una capa traslúcida
que, a veces, se confunde con la vejez.
La indefinición se apodera de los contornos
y todo parece suave y nebuloso
al entrever lo que parecía un pensamiento
convertido vagamente en nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario